Acronopismos y otras delicatensen Cronopio. Cosas de odio y de muerte

lo asesinaron de un tiro en la nuca… así tan fácil como la grapa que accidentalmente hace clic en un dedo…un hilillo de sangre arrastró la última sílaba de su respiración hasta el borde de las páginas que le tacharon el silencio…

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muerte a destajo

lo asesinaron de un tiro en la nuca… así tan fácil como la grapa que accidentalmente hace clicen un dedo…

un hilillo de sangre arrastró la última sílaba de su respiración hasta el borde de las páginas que le tacharon el silencio…

cayó sobre sus rodillas como una maleta vacía y se desplomó en el apetito de la nada, su corazón todavía a cuestas ya casi dándose de bruces en la madre…

arrinconados en la materia fresca del horror los suyos le tiraron a las aguas emponzoñadas un barquito de papel…

el naufragio se hizo a la vela y en los cristales mudos del atardecer el golpe seco de un pájaro que pasaba por el lugar de los hechos le puso estrellas a la noche…

así, tan fácil, como el limpión que nos atisba en los espejos de la intimidad y que de pronto se sacude y en picada se regocija en los despojos del mosquito que ya no está…

obituario 2

se levantó muy temprano… se bañó más del tiempo acostumbrado y, si mal no recuerdo, susurró parte de una canción… cosa que nunca hacía… era la primera vez que había accedido a leer las cosas que escribía en un pequeño teatro del pueblo donde vivía… todos sabían por boca ajena que pasaba las noches y los días escribiendo, pero nadie jamás había leído nada suyo… se vistió y se puso una corbata ridícula que un amigo le había regalado en los años mozos… se cepilló una vez mas los dientes y se untó una pizca de rubor en las mejillas… cuando era joven, una de sus hermanas siempre le hacía lo mismo y él se dejaba hacer… se volvió un instante hacía la pared donde estaba la foto de ella…

ya a punto de salir tomó el periódico y le echó un vistazo… esperaba encontrar sin ninguna dificultad su nombre y algo sobre la lectura… no encontró nada… volvió a la primera página y repitió mecánicamente la misma tarea de antes hasta que se quedó como sin aire, como varado, en una de las páginas… de niño siempre le pasaba lo mismo… sin soltar el periódico, fue al cuarto, tomó una lupa que tenía siempre a mano y la acercó lentamente a la página… en letras minúsculas, casi ilegibles, bajo la sombra de una pequeña cruz de un negro intenso, aparecía anunciada su lectura… movió lentamente la lupa de abajo hacia arriba y después de derecha a izquierda… el anuncio estaba en la página de los muertos del día… miles de recuadros pequeños, algunos de ellos en forma de corazón, que mareaban la vista y traían a los baldíos del recuerdo el diseño de un viejo rompecabezas… ni de milagro pensó que era un equívoco… sus ojos se quedaron pegados a la página, extasiados, como si estuviese leyendo, a la vez, el nombre de cada uno de los muertos… tantos muertos para las páginas de un periódico…

la noche anterior, la muerte había hecho su trabajo con disciplina y devoción… en algunos de los recuadros, aparecía de tanto en tanto alguna fotografía, pero no la de él… y por supuesto en letras que parecían cada vez más pequeñas o empequeñecidas, el llamado de los dolientes… cerró los ojos y lentamente se clavó la mandíbula en el pecho… la mano izquierda se le cerró de tal forma que parecía que hubiese agarrado la empuñadura de un cuchillo… dobló el periódico y se lo metió en uno de los bolsillos de la chaqueta que siempre llevaba… y como si se tratara de una cosa de todos los días, con una ternura inusual, cogió al gato que ya hacía muchos años que lo acompañaba, le agarró las patas traseras, lo levantó, abrió la ventana y lo tiró a la calle… el coche frenó de improviso y la sangre y la mierda salpicaron la ventana…

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