Acronopismos y otras delicatessen Cronopio

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BESTIARIO ÍNTIMO

El sapo

la primera vez que la vi
se me pudrió en mis ojos mi destino…
y ya sin cuerpo, ni alma, ni espíritu, ni olvido,
en el pantano el sapo soñó que era divino…

después la vi sin verla,
perdida en el camino
y me acerqué y le dije
que yo era su destino…

no me miró siquiera,
ni me besó como era,
solo me abrió sus huecos
para que me escondiera…

debajo de la piedra sigo como si fuera…
y cuando llueve salgo a lavar mis heridas
y salto y me entretengo contando las estrellas
que arden y se pudren conmigo en mi guarida…

sin ojos, ya sin sangre, tan solo mis verrugas
la leche que se escurre, el olor que aniquila
el destino hecho mierda, ya no sangra la herida
y en el pantano el sapo se besa y se suicida…

Ionesca

el gato de la vecina,
el mismo que se quedaba dormido en su regazo
buscando el calor de su sexo desnudo,
se me ha atravesado en la calle
y con una de las llantas delanteras del coche,
si mal no recuerdo: la izquierda,
a las seis en punto de la tarde
lo he dejado convertido en oblea…
yo mismo le he comunicado en persona
a mi pobre vecina
el terrible accidente
sin entrar en detalles y sin nombres…
solo la oblea íngrima e indefensa
de mi mano a su mano.
ella ha reconocido de inmediato los restos
del occiso,
y desde ese día, para mi desdicha,
ha decidido ponerse un cinturón de castidad…

derecho de pernada

para eve adele

el pequeño pez que en la pecera nos adorna las horas de la comida se ha ido comiendo poco a poco y de soslayo como si quisiera evitar que alguien o él mismo lo viera…

a cada segundo una mordida más, o de más, y un trocillo de menos, y ya es tan poco lo que le queda que a veces —las más— ya es difícil saber en qué lugar de la pecera se estará comiendo, o está, si es que está…

ayer mi hija me salió al paso y me dijo que ya no quedaba más que un ojo aguantando su nada y que un segundo después, sólo un hueco sin nada en el agua…

la situación se ha puesto tensa a la hora de la comida —después de los últimos acontecimientos—, ya que mi hija no deja de preguntarme a cada instante: a dónde se van los días que terminan su día, o que si se acaban como el pez por la cola…

Originalamente publicado en: http://www.revistacronopio.com/bestiario-intimo-manuel-cortes-castaneda/

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