Alirio, José Orlando y Daniel: tres gladiadores en el corazón de Florencia

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Alirio Anacona Hurtado, José Orlando Ozú y Daniel Tovar Vargas son tres hombres que, por fuerza de tanto verlos, pasan desapercibidos en Florencia. Pero, al reparar en su quehacer cotidiano, hasta el más desprevenido encuentra que son parte fundamental del componente humano que engrandece a la ciudad.

La venta de libros jurídicos, en el primer piso de la gobernación del Caquetá, distingue al primero mientras que los dos últimos comparten espacio en la acera de la carrera 12, antes de las escalinatas del Centro administrativo municipal, donde pasan sus días entregados a lustrar zapatos o, mejor, se dedican a embellecer calzado, como ellos mismos lo aclaran.

Los tres se entregaron de buena gana en una charla informal, a través del programa “Puntos de Encuentro”, de la Oficina de Paz-UDLA, para compartir instantáneas de su vida e impresiones de la historia y el presente de la capital caqueteña, que a pesar de las durezas del conflicto, los altibajos de la economía y, entre otras cosas, la indiferencia ciudadana, les ha permitido sacar adelante su proyecto de vida.

Alirio relató sin pretensiones que está próximo a cumplir 35 años en el mismo lugar, dedicado a vender libros por sugerencia del secretario de un juzgado, quien tuvo el buen tino de indicarle que ese material es de obligatoria consulta para abogados y estudiantes de derecho. Comenzó con un capital de 2.500 pesos; “me tocó luchar, desde niño vendí agua, prensa, sabía quiénes eran los liberales y los conservadores de este pueblo”, comentó de manera precipitada, como quien quiere resumir toda una vida en segundos.

Menudo de cuerpo, pero laborioso como el que más, ha sido un reservado testigo del acontecer local, con todo y sus protagonistas; sin embargo, no cuenta más de lo que considera prudente, de modo que no deja escapar nombres o señales que puedan generarle algún tipo de confrontación. Prefiere, en cambio, enaltecer a su madre lo mismo que a la mujer con quien cumplirá 28 años de unión el 28 de junio; de su padre solo anota que hace parte de un mal recuerdo desde el día en que abandonó el hogar.

José Orlando, un negro espigado proveniente del Cauca, más conocido como ‘Guatusi’, cuenta con orgullo cómo se ha batido en varias plazas del país y es Florencia el lugar donde ha encontrado un remanso desde cuando llegó, a los 21 años de edad. “Con mi trabajo he sacado adelante a mis hijos”, dijo agradecido porque quienes acuden a él le dan la oportunidad de vivir con dignidad.

Hace parte de toda una dinastía de jugadores de fútbol, que por su talento han descollado dentro y fuera de Colombia; “soy hincha del América desde que tenía ocho años”, cuenta el reconocido líder natural de los otrora llamados emboladores; nombre que él de inmediato corrige: “esa palabra no cabe, es un poco grosera”.

Tomó la caja de embolar zapatos a los 14 años de edad, pero también se midió como albañil y pintor de casas; “ese fue el arte de mi padre, que me enseñó a trabajar con honestidad”, manifestó al precisar que vive en Florencia desde 1972. “Estuve en Chigorodó (Antioquia), Aguachica (Cesar), Bucaramanga, Villavicencio, Bogotá y Neiva”, expresó recordando con gratitud la forma como fue acogido en la capital caqueteña. “Este pueblo me ha dado cinco hijos”, agregó destacando que ha sido activo en defensa de su gremio, lo mismo que en la defensa de los intereses del Caquetá: “fui tres veces a Bogotá a pedir que el Caquetá pasara a ser departamento…”.

Daniel, también conocido como ‘Lleras’, llegó de Pitalito (Huila) y desde sus primeros días en Florencia acompaña a José Orlando en la rutina de trabajo. Como presidente de la organización que aglutina a los lustrabotas, no escatima recursos para propender por el bienestar de su colectividad y en ese sentido agradece a todas las administraciones que les han facilitado trabajar sin contratiempos, aunque le gustaría que todos sus compañeros tuvieran sus necesidades mínimas resueltas. “Lo más bonito que puede haber en la vida es el trabajo y la salud”, exclamó reclamando respeto de aquellos que menosprecian su labor.

Los tres, Alirio Anacona Hurtado, José Orlando Ozú y Daniel Tovar Vargas, continúan con sus ires y venires, sin ocuparse de lo que otros señalen en su contra; sin embargo, si hay alguien que en cualquier momento les lance un comentario halagador o una broma que los haga sonreír, sentirán que vale la pena soportar las asperezas de la calle para imponerse como auténticos gladiadores.

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