Arcesio Alvino cumplió una vez más su ritual de liberación de charapas

Luego de varios meses de paciente labor, de incubar con ingenio cerca de dos mil huevos de charapa con métodos artesanales en su modesta vivienda, vio cómo los cascarones fueron abiertos por esas criaturas que con esmero protegió hasta dejarlas listas para sobrevivir en su hábitat natural. Y las liberó en la laguna "Potreros", cuyas aguas son testigo mudo de sus proezas hasta llegar al río Orteguaza.

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En la vereda “Potreros”, del municipio de Solano, Luis Arcesio Alvino cumplió una vez más con el ya tradicional espectáculo de liberación de charapas, único en el sur del país y de los pocos que se cumplen en la Amazonia colombiana. Luego de varios meses de paciente labor, de incubar cerca de dos mil huevos de charapa en su modesta vivienda,con métodos artesanales, vio cómo los cascarones fueron abiertos por esas criaturas que con esmero protegió hasta dejarlas listas para sobrevivir en su hábitat. Y en medio de un centenar de observadores las confió a la laguna “Potreros”. desde donde emigrarán posteriormente al río Orteguaza.

Es todo un ritual en un marco natural incomparable, sin mayores reconocimientos, pero con la satisfacción de hacer lo que más le gusta en su pequeña parcela. En esta actividad Luis Arcesio ocupa prácticamente todo su tiempo, con el acompañamiento de Corporamazonia y algunos académicos medioambientalistas de la Universidad de la Amazonia.

Las charapas son tortugas acuáticas de cuello lateral, que le deben el nombre a su incapacidad para meter completamente sus cabezas dentro de los caparazones y en su lugar, doblan el cuello hacia los lados para meterla, dejando una parte expuesta. Ponen sus huevos en los bancos de arena de los ríos durante la estación seca, de modo que los nidos no son arrastrados por el agua. Las manchas amarillas que tienen en la cabeza son más brillantes en los individuos juveniles. Las manchas se desvanecen con el tiempo en las hembras pero permanecen en los machos.

Las charapas están clasificadas como Vulnerables en la Lista Roja de la UICN (La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza)  pero algunas especies de ríos aparecen como de menor preocupación, pero como Dependiente de la Conservación. Para ambas especies, las principales amenazas para su conservación son el aumento de la explotación y comercialización de sus huevos para el consumo humano, así como la captura y venta de los individuos adultos.

Tras la ceremonia, cumplida el viernes 28, y en la que participaron estudiantes y docentes de varias instituciones educativas del municipio de Solano, funcionarios de Corpoamazonia, residentes en la vereda y vecinos de los contornos, don Arcesio se declaró atento a la llegada de la temporada seca, cuando quedan al descubierto inmensos arenales propicios para el desove de las charapas, cuando  vendrá una nueva recolección de huevos, la posterior incubación y todo ese acontecer que pasa desapercibido para muchos de quienes lo rodean, salvo unos pocos amigos y admiradores espontáneos que en ocasiones lo visitan, además de la autoridad ambiental, que está presta a darle el apoyo necesario. Aunque faltan herramientas y recursos, por supuesto, para hacer de esta callada tarea algo de mayor impacto en el ecosistema.

Lástima grande que así sea, porque el ejercicio de Luis Arcesio es un grito airado en defensa de la vida, la misma que otros mutilan de múltiples formas, incluso sin proponérselo, como sucede con quienes recolectan huevos para incorporarlos a su alimentación habitual. Otros, como bien se sabe, hacen de las charapas un producto desechable que desaparecen en mercados irregulares, donde ningún control puede con ellos.

El acto de liberación de las charapas es, además, un mensaje vehemente de sensibilización para el cuidado no solo de las charapas sino en general de todos los recursos de la naturaleza.

Cotidiana paradoja que mejor ilustran las imágenes de liberación: mientras unos se encargan de convertir a las tortugas en una especie en vía de extinción, Arcesio Alvino se inventa los medios para ayudarlas a vivir, y no solo cuida unas cuantas, lo hace por cientos y por miles. Es un acto de perdón, de reconciliación con la madre Naturaleza.

 

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