Brindis por la vida en “Puntos de Encuentro”, de la Oficina de Paz-UDLA

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A sus 22 años, Angie Yiseth García Quiroga refleja acaso 15 primaveras; su rostro angelical y su delicada figura parecen guardar el secreto de la eterna juventud, aunque en realidad son el retrato de una lucha valerosa por la vida, librada a pulso con su familia día tras día desde su niñez. Su madre Yolima narró en el espacio radial Puntos de Encuentro, de la 98.1 FM, detalles de un drama que todavía no tiene final, pero sí un mensaje de esperanza; con ella estuvo también, para compartir su experiencia, el estudiante de sexto semestre de inglés Jhoan Sebastián Rincón Quintero, quien se ve obligado a gatear, literalmente, por un tipo de parálisis que afecta la parte inferior de sus piernas.

“Mis padres notaron que con el paso de los meses no estiraba bien mis piernas, de modo que averiguaron y estuve en muchas terapias hasta que el médico dijo que tenía que movilizarme en silla de ruedas o gatear”, contó el estudiante con un optimismo contagioso. A sus 24 años, sueña con graduarse para ejercer la docencia y viajar tanto como pueda; en su futuro no ve barreras, sino posibilidades de hacer grandes cosas; “he aprendido a convivir con esa situación, me acostumbré a tener autonomía… Nunca vi mi condición como una limitante”, dijo al destacar que es una persona activa, cumplidora de sus deberes, agradecido con sus compañeros de estudio, lo mismo que con sus profesores, entre otros, porque hacen parte del bienestar que siente.

Y así como él transmite la mejor energía, haciendo alarde de un optimismo a toda prueba, con Angie sucede otro tanto; solo que no pudo acudir a la emisora universitaria por quebrantos de salud. Fue su madre quien resumió en minutos prácticamente dos décadas de sinsabores y satisfacciones, relató con un nudo en la garganta cómo esa infancia feliz se menoscabó a partir de los cinco años de su pequeña al convertirse en paciente renal crónica. Infecciones urinarias, con tratamientos paliativos, precedieron al mal que deterioraría su calidad de vida; vendrían luego las consultas con especialistas en Bogotá, la insuficiencia de recursos económicos, las tutelas ante la EPS para defender sus derechos, los rigores de la diálisis y la hemodiálisis, en cada oportunidad aferrada durante horas a un aparato, debido a la insuficiencia renal.

Se hizo necesario un trasplante, de modo que Yolima era la llamada a ser la donante; sin embargo, le tomaron exámenes que luego arrojarían un dato desalentador: tenía cáncer de piel. Resolver ese problema era prioridad, para donar el riñón; pero un buen día vieron la luz al final del túnel: la muerte de un joven de 16 años, la misma edad que Angie tenía en ese momento, se constituía en la tan esperada oportunidad.

En cuestión de horas madre e hija tenían que estar en Bogotá, como en efecto lo hicieron con ayuda de la empresa privada y particulares que, de manera milagrosa, confluyeron en el momento y el lugar indicados. En el Hospital San Ignacio se practicó la cirugía hace seis años con tal éxito que, desde entonces, cada amanecer es un auténtico renacer, no solo para ella, sino para toda su familia. Por eso, Yolima pide a los caqueteños que no miren la donación de órganos como una especie de mutilación sino, todo lo contrario, como una prolongación de la existencia.

Así se expresó una mujer cuyas batallas por la existencia han sido muchas; de hecho, cual cruel paradoja, año y medio después del trasplante que mejoró la salud de su pequeña Angie, murió su hijo menor mientras jugaba con un perro; el animal lo empujó al suelo y el niño recibió un golpe en el pecho. Sufrió paro cardiorrespiratorio, tan fuerte, que los minutos transcurridos hasta recibir asistencia profesional parecieron horas… “no volvió, se fue”, manifestó la dolorida madre al recordar tan infausto momento. Aún así, con lágrimas y voz entrecortada, sus palabras fueron un brindis por la vida.

Los relatos de personas que sufren algún tipo de discriminación por causa de sus condiciones físicas o sociales, ideológicas, d e religión o de raza, se pueden escuchar todos los lunes entre las 9 y las 10 a.m., en el segundo segmento del programa, órgano hablado de la Oficina de Paz de la Universidad de la Amazonia.

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