Chile vs Perú y el Che

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Con el partido Chile vs Perú recordé dos anécdotas conocidas por la historia entorno a Ernesto Guevara, también conocido como el Che. En los últimos días de 1949 Ernesto había decidido planear un extraño viaje. Guiado por la filosofía del errante adaptó una bicicleta con motor y salió de Buenos Aires. Fue el primer viaje que realizó el Che. Entre pedaleo y lecturas de medicina en sus descansos transitó sin mayor contratiempo. En las notas de viaje se lee: “Me doy cuenta que ha madurado en mí algo que hace tiempo crecía dentro del bullicio ciudadano: y es el odio a la civilización, la burda imagen de gentes moviéndose como locos al compás de ese ruido tremendo”. Finalmente, serán 4.500 kilómetros recorridos, tenía 22 años y la vida nómada seguirá empujando su designio.

El 17 de octubre de 1951 en Córdoba, junto a su amigo Alberto Granado, Guevara le propone recorrer Norteamérica en la “Poderosa II”, una moto Norton de 500 centímetros cúbicos. El Che acababa de perder el trabajo y estaba cansado de la Facultad de Medicina, Alberto, por su parte, no se sentía cómodo en su empleo; por lo tanto, deciden emprender la aventura. Al finalizar diciembre salen. De Buenos Aires a Miramar, luego a Bahía Blanca y en pocos días cruzan la frontera con Chile, a mediados de febrero. En Chile el Che y su amigo trabajaron sacando desechos de una sentina, y descubren la multiculturalidad a través de los indígenas, algo extraño a lo conocido en Argentina: “(…) algo totalmente diferente a lo nuestro y algo típicamente americano”, escribió Guevara. De allí pasan a Temuco; mantienen el ritmo en el velocípedo hasta llegar a Santiago. El 8 de marzo de 1952 viajan de polizontes rumbo a Angofagasta. “Permanecimos día y medio en los baños. Cuando alguien se acercaba a abrir la puerta, una voz cavernosa le decía: “ocupado”, al siguiente una meliflua vocecilla: “no se puede”; y cuando no había moros en la costa pasábamos al baño vecino para repetir alternadamente la contestación”. La moto quedó por el camino debido a una caída sufrida. Las zonas mineras serán los lugares que acogieron los errabundos jóvenes. Allí los estremece las condiciones de explotación en los socavones mineros administrados por las compañías inglesas. Sienten que la muerte deambula por las excavaciones prolongadas. Un minero, militante comunista, llama la atención de Ernesto y esto escribe: “(…) el gusano comunista que había hecho eclosión en él no era más que un natural anhelo de algo mejor”. De Antofagasta a Iquique, siempre recitando los versos de Pablo Neruda y José Martí. A los lugares de arribo visitaban los hospitales para hacer prácticas. Les interesaba los enfermos de lepra y malaria por ser asociadas con “enfermedades de los pobres”. El 23 de marzo dejan Chile y avanzan hacia Cuzco. Han recorrido 3.500 kilómetros de sur a norte. La primera impresión de la población peruana la tienen a través de unos campesinos quienes los reciben con calidez a media noche: “De la tierra de Perón y Evita, donde no joden a los indios como aquí”, recuerda el Che. En Cuzco, Guevara, se rinde ante la maravilla Inca. En las notas manifiesta: “Cuzco es evocación. Un impalpable polvo de otras eras sedimenta entre sus calles”. Con Machupichú quedará impresionado, replicará: “El marco necesario para extasiar al soñador”. Los jóvenes argentinos, acostumbrados a la referencia occidental, quedan sorprendidos ante tanta riqueza cultural. No son los palacios, templos, pirámides sino los mayas, chibchas, incas, aztecas y toltecas lo que conmoverá sus entrañas ante la evidente grandeza prehispánica. Aunque por el trayecto en camiones de carga junto a indígenas, campesinos y animales constatan el racismo, la miseria y maltrato hacia los nativos. La inmensidad histórica y cultural del territorio se contradice con la segregación social y violencia. El historiador Paco Ignacio Taibo II, concluyó que cada viaje, experiencia o anécdota vivida en los recorridos del Che harán de él un sujeto completo tras conocer la realidad latinoamericana, una realidad ávida de lucha contra la expoliación. Y así lo confirmó el Che al reescribir las notas de su diario: “El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra argentina […]; este vagar por nuestra “mayúscula América” me ha cambiado mucho más de lo que creía”. Pero no será exclusivamente el periplo por tierras nuevas, también la literatura y sus lecturas profundas creará el revolucionario ejemplar que con vehemencia polemizaba con obras como la de “Sachka Yegulev”, de Leónidas Andreiev: “Cuando sufre el alma de un gran pueblo, toda la vida está perturbada, los espíritus vivos se agitan y los que tiene un noble corazón inmaculado van al sacrificio”, así lo recordará Eduardo Santa al evocar las discusiones de Guevara con otros estudiantes en Bogotá sobre los clásicos rusos. Fiel a sus repertorios Ernesto buscará la clave del espíritu social que como Alejandro (Sachka) exorcizará el fantasma de la “civilización” al vincularse a “Los hermanos del bosque” para recuperar la dignidad de los desarrapados.

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