Con magistral presentación, Edilberto Monje conmemoró sus 50 años de vida artística

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Con una magistral presentación, ratificando el brillo, la fogosidad, jugando con su característica melena “colecaballo” y en medio de una apoteósica aclamación, el decano del teatro caqueteño, Edilberto Monje, celebró anoche sus 50 años de ejercicio del arte dramático.

El público, con marcada presencia de niños y adolescentes, colmó las instalaciones del auditorio Ángel Cuniberti de la Universidad de la Amazonia, para compartir un trayecto del momento  cincuentenario  en el camino de este hijo de la Amazonia, singular animador en ese mundo de seres irreales,  representados con gracia singular.

Acompañado por su esposa y su familia, el también director del grupo de teatro El Laberinto, escondió las angustias y dolores de los asistente dibujando con exquisito humor y a través del lenguaje de señas, las escenas de su reconocida obra “Un clown saca otro clown”, en la que flotan personajes de la vida cotidiana  y muestra algunos momentos  cruciales de la vida nacional.

Su evidente capacidad artística puso al público a interactuar de manera permanente y varios menores y adultos asistentes estuvieron en la tarima, llamados por Monje de manera espontánea para reforzar sus escenas.

En medio de la nostalgia que produce asomarse al espejo retrovisor de la vida, con una mirada tranquila y gozando con la compañía de sus coterráneos, Monje confirmó que tiene lo que necesita un buen actor: la audacia de un loco mezclada con los gestos de un niño precoz. Pero también posee otra virtud, componente igualmente importante para su oficio, el don de mando que en una obra resucita las esperanzas de los desesperados.

Al final y tras largos aplausos, Edilberto Monje se despojó de su disfraz de payaso y ante el público de pie, lloró de alegría y no pudo ocultar la perturbación positiva que producen los homenajes en vida.

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