Crece organización y presión por la defensa de la Educación Superior

Epicentro de un nuevo encuentro triestamentario fue el auditorio Ángel Cuniberti en la mañana del 7 de noviembre, con un rector Castrillón que no deja de sentirse profesor y no olvida su época de estudiante; por eso, sus palabras son de entendimiento en defensa de la educación pública, de salvaguardar la Uniamazonia,

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Que el presidente Iván Duque no escuche a los estudiantes universitarios y sí, en cambio, tenga tiempo para atender artistas entre otras de sus prioridades, puede interpretarse de múltiples formas; una de ellas sería que tanto él como sus asesores desconocen todavía el volumen del problema. No se trata de un asunto de sumas y restas para terminar diciendo que no hay dinero, tampoco se trata de restarle importancia a la situación porque es un lastre de vieja data; más bien es esta una oportunidad para abordar de una buena vez, como corresponde, las necesidades del componente humano que más puede contribuir a la transformación de Colombia.

Se infiere, entonces, que esa transformación no se forjará desde este gobierno, sino desde las masas, con el inspirado acento del movimiento estudiantil, que tuvo en la Universidad de la Amazonia uno de sus momentos cumbres en septiembre pasado durante la realización del Segundo Encuentro Nacional de Estudiantes Universitarios (ENEES), con la participación de unos dos mil estudiantes de 44 Instituciones de educación superior. Espacio de discusión que dio origen a la Unión Nacional de Estudiantes Universitarios (UNEES), la misma que presentó ese mismo mes un pliego de peticiones que incluye el incremento presupuestal de las Instituciones de Educación Superior Públicas (IES); la reliquidación de deudas de los estudiantes con el ICETEX; aumento de presupuesto de Colciencias; generar un plan de pago de la deuda histórica que el Estado presenta con las universidades públicas; derogación de las leyes 1911 de financiación contingente al ingreso, la 1740, de inspección y vigilancia y el decreto 1240, que limita la autonomía de administración universitaria. Además, desde el UNEES se promovió la gran marcha de Bogotá del pasado 10 de octubre, donde confluyeron decenas de miles de inconformes.

De esa forma la Uniamazonia dejó de ser una desconocida, para convertirse en protagonista de la naciente gesta, a tal punto que una de las líderes de las mesas de negociación con el Gobierno Nacional, después de 28 días de paro, es hija de esta casa de estudios; su nombre, Karina Valderrama, una joven menuda, inquieta, estudiante de la Facultad de Ciencias Contables, Económicas y Administrativas, quien no ahorra esfuerzos para explicar por qué la universidad pública es una especie en vía de extinción. De manera reiterativa, junto con sus compañeros de lucha, ha censurado que en Colombia un militar le cueste al país alrededor de 61 millones de pesos al año mientras en un universitario tan solo se invierten alrededor de 3,5 millones; qué decir de un congresista: recibe en promedio 500 millones de pesos y, en contraposición, un docente está por el orden de los 56 millones. Es así como reclama mayor inversión social y priorización del gasto público, con la universidad como única alternativa para que campesinos, indígenas y todos los ciudadanos puedan mejorar su nivel de vida.

En este entramado, el rector de la UDLA, Gerardo Castrillón Artunduaga, no solo ha sabido interpretar todas las partes, sino que se ha convertido en un interlocutor excepcional; cual director de orquesta, da lugar a la libre expresión en un ambiente de alta tensión y así mismo toma los correctivos de cada caso o se anticipa a las dificultades en la medida de lo posible. Cada día tiene su afán, dice la sabiduría popular, y así lo concibe él, con sus 40 años de permanencia en esta institución como estudiante, docente y ahora al frente de la rectoría. Que se recuerde, nunca antes la UDLA tuvo a los tres estamentos (estudiantes, docentes y administrativos) tan dispuestos a construir consensos en pos de intereses comunes.

Epicentro de un nuevo encuentro triestamentario fue el auditorio Ángel Cuniberti en la mañana del 7 de noviembre, con un rector Castrillón que no deja de sentirse profesor y no olvida su época de estudiante; por eso, sus palabras son de entendimiento en defensa de la educación pública, de salvaguardar la Uniamazonia, y en ese sentido reiteró que no suspenderá el semestre, pensando en los estudiantes y sus familias lo mismo que en los docentes y el personal administrativo. Hay demasiado en juego, de modo que insiste en buscar la normalidad académica, para lo cual ofrece todas las garantías y continúa abierto al diálogo hasta encontrar el punto de equilibrio que todos compartan.

Voces de cada lado se hicieron sentir en este encuentro; entre ellas, las de líderes sindicales y profesores que dicen estar del lado de los estudiantes, como lo han evidenciado en numerosas ocasiones con toda suerte de iniciativas, incluidas las veces que han acompañado las marchas de protesta dentro y fuera del Caquetá. También los universitarios dejaron salir a flote diversas reclamaciones, todas susceptibles de revisión y corrección; entre ellas, la presión que a veces sienten porque en pleno paro hay profesores que les piden llenar planillas de asistencia; situación que es un reflejo más de la complejidad del problema, donde cada uno da de lo que sabe y puede, donde cada uno defiende lo suyo, y es así como se concluye que unos y otros apuntan en la misma dirección, aunque de manera distinta. De ahí la necesidad de mejorar la interlocución, para obrar con inteligencia. 

“Estamos en un país donde la cultura no nos permite mirar más allá de las narices, donde se disfraza la reforma tributaria como ley de financiamiento y la estamos aceptando”, se quejó uno de los estudiantes añorando la participación crítica de la sociedad. ¿Dónde está ese 50 por ciento de estudiantes que faltan?, preguntó igualmente preocupado porque una gran cantidad de universitarios no acuden a la Uniamazonia, para acompañar las actividades del día a día. “Si nos vamos a la historia, podemos encontrar que los gobiernos en ninguna ocasión han cumplido los acuerdos con ningún sector”, continuó para concluir que ni siquiera lo firmado entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc va por buen camino, pese a que significa avanzar en la búsqueda de la paz después de varias décadas de guerra. “Hay personas que han dado sus vidas para que ustedes hoy estén sentados como estudiantes, docentes o administrativos, y a mí me da pena con la memoria de esas personas, con los niños que vienen detrás de nosotros”, expresó sin poder contener las lágrimas… Luego comentaría que abandonó el bachillerato presionado por paramilitares; “me pusieron una pistola en mi cabeza a los 11 años…”. Hoy tiene 30 años de edad, ingresó a los 25 y confiesa que, producto de su formación irregular, todavía no logra terminar materias; “no quiero que otros niños repitan mi situación”, añadió mientras el resto de la asistencia enmudecía con sus mensajes de profundo contenido.

Este jueves 8 de noviembre un grupo estudiantes de la UDLA cumplen tres días caminando hacia Bogotá  – otra forma de reclamar por la desfinanciación de la educación superior -, lo que fue calificado como una proeza en el auditorio y por lo mismo abundaron los voluntarios que ofrendaron algún dinero para contribuir con la manutención de quienes así defienden, no solo sus intereses sino también, y sobre todo, los intereses de las generaciones venideras. Y son ellos los que con cada paso, en ese recorrido de unos 550 kilómetros hasta la Plaza de Bolívar, remueven las fibras de quienes permanecen en la universidad; eso explica el pronunciamiento de María Isabel, estudiante de Licenciatura en Inglés y Administración  Financiera, quien a manera de cierre tomó la vocería del movimiento estudiantil para anunciar que no está en sus cuentas la postura de un paro escalonado, como se ha sugerido; pero sí acogieron una propuesta de lo discutido en el auditorio Ángel Cuniberti, cual es plantear un cronograma “donde nosotros no nos quedemos en estas cuatro paredes, sino salir al pueblo, porque esta lucha se gana es con ideas. En ese sentido, desde el movimiento estudiantil hemos preparado distintas actividades… salir a las comunas manifestándonos de distintas maneras, para que las personas tengan conocimiento de la problemática”. El objetivo, señaló, es “buscar un paro cívico”.
Saben los estudiantes que continuar en la brega por la educación es agotador; tanto así, que muchos han desistido; pero están convencidos de que su causa es justa; “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”, decía Mahatma Gandhi y así parecen entenderlo estos jóvenes que, desde la Universidad de la Amazonia, se unen por un ideal posible que solo necesita tener eco en los organismos de decisión, y es el presidente Iván Duque quien puede hacer la diferencia en este momento histórico. Ya firmó un primer acuerdo con los rectores agrupados en el sistema Universitario Estatal (SUE) y este jueves se enfrenta a nuevas marchas de protesta, que tal vez, al final de la tarde, lo hagan reflexionar y, sobre todo, tomar las decisiones pertinentes.

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