Desminadores: la fraternidad con la muerte

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El desminador tiene la certeza de que bajo sus pies está la muerte…pero también la vida, la esperanza, el triunfo y la gloria. Y en su peregrinación guerrera, en medio de la incertidumbre de su soledad hostil, extiende sus pies y da pasitos suaves, como una adolescente que tiende sus labios a la delicia del beso.

Miguel Ángel Hernández es un soldado profesional de 37 años y participó en el proceso de desminado que terminó el 9 de abril con la proclamación del municipio de Valparaíso, Caquetá, como territorio libre de sospecha de minas antipersonas y otros elementos sin explosionar. Lleva 18 años en el ejército y dijo que por la guerra y por el heroísmo, su adolescencia y su juventud las pasó dedicado a los combates, mientras sus amigos de generación las vivieron en el seno de sus hogares.

-El primer beso que desfloró mi frente fue un enfrentamiento y la voz de los combates le contaron a mi corazón los secretos que las mujeres le dicen a los jóves, le dijo a los periodistas de la Universidad de la Amazonia que lo abordaron durante el acto desarrollado por la Sexta División el martes 9 de abril en el municipio de Valparaíso.

Moreno, con la piel curtida por el sol, siempre está al lado de su perro “Quijote”, un Pastor belga malinois. Frío pero sociable, disfruta con el éxito que le ha puesto el penacho de luchador sobre su cabeza, cubierta por el casco protector de los desminadores, que les pone un aire de robots.

Orgulloso, recordó sus hazañas en el bosque y explicó que el canino barre 100 metros en media horas, mientras una persona invierte 4 o 5 días para la misma tarea. Con nostalgia recordó el paisaje funerario que se observa después de las operaciones de extracción de las minas. Precisamente, para recuperar esos espacios, el batallón de ingenieros de desminados No 1 sembró al menos 200 plantas de guadua, guamo, cedro y otras especiales.

Mientras los perros desarrollan capacidades de detección de las minas con el olfato potente y su jadeo constante, los desminadores aprenden a percibir el eco y las vibraciones de las minas, en un trabajo complementario de hombre-animal, tras la terminación del conflicto y en desarrollo de los acuerdos de Paz suscritos entre las FARC y el Estado colombiano.

-Los soldados y los perros somos una sola familia y el canino se convierte como en un hijo, al que tenemos que ofrecerle todos los cuidados, dijo el desminador Hernández, tras indicar que sus días más felices han sido aquellos en que la jornada parecía más desgraciada. “Pero siempre que salgo a campo, me acuerdo de mi familia y me encomiendo a Dios”, observó.

Acostumbrado a las dificultades del bosque, ha desarrollado una especie de fraternidad con los retos y ahora que disfruta del triunfo sobre los materiales contaminantes se extraña con la normalidad de la ciudad. Como los mineros que solo pueden caminar en el fondo de sus cavernas y la luz les hace daño.

Las minas son el recuerdo y el alma de la degradación del conflicto en Colombia y con el barrido que se hace en distintas zonas del territorio caqueteño se apaciguan los  temores y se percibe un aire perfumado de calma que se escapa de los acuerdos de Paz.

Anónimos, como la mayoría de héroes y personajes de la vida cotidiana, los desminadores se vuelven públicos cuando cometen su primer error, que siempre es el último…entonces, son mencionados en los noticieros de radio y tv, y aparecen en las páginas de los diarios.

Desaprender la guerra es la consigna…para sanar las heridas con el perdón, el olvido y la identificación de las causas que nos llevaron a una guerra fratricida.

Como el desminador que espera la señal de su perro, esperemos que el futuro nos libre de las penas de ayer.

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