Día del Periodista. Los únicos diálogos posibles sin las palabras son la guerra, el amor y la muerte

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“Los hechos son independientes de la noticias”, aprendí cuando, desertado de la facultad de derecho de la universidad La Gran Colombia en Armenia, fui contagiado con el dulce veneno del periodismo. Y aprendí, además, que “un hecho requiere la intervención de un operador semántico para convertirse en noticia”.
Con el desarrollo de la tecnología, la segunda parte de mi aprendizaje inicial se devaluó progresivamente y entonces los operadores semánticos fueron menos indispensables para la transformación de los hechos en noticias. Desaparecieron los “cuartilleros” –embriones de cronistas y escritores- que fueron remplazados por los perifoneadores de las cabinas de radio con sus oraciones atropelladas y en los medios escritos se hizo más evidente la escasez de los añorados cuartilleros, en cuyas páginas surgieron los “razoneros” que algunas veces no pueden construir las noticias que correspondan fielmente a los hechos, enredados en galimatías semánticos, sintácticos y morfológicos que convierten sus escritos en verdaderas adivinanzas.
El vertiginoso auge de las redes sociales pulverizó, del mismo modo,  al operador semántico y con un solo “trino” en twitter o una línea en el muro de facebook, un hecho alcanza la categoría de noticia. En muchos casos, los ciudadanos corrientes conocen los hechos primero que los periodistas y pasan de su condición de receptores a emisores de la información, con una sencilla, fría y mal ejecutada operación semántica.
Este derrumbamiento de los procesos tradicionales  de la información que parecían inmodificables, provocó también el hundimiento de otras condiciones clásicas para el ejercicio periodístico en medio de la marea futurista, tales como la formación académica, la pasión por la Verdad y la Libertad, el compromiso con el dolor ajeno, la investigación, la duda y el interés por la cotidianidad y por las historias de vida que caminan por cuidades y campos del país.
Además, el deber y el compromiso del periodista con la verdad fueron lesionados por los empresarios de la información  que, al imponer condiciones laborales de hambre, obligaron  a los trabajadores de la palabra a convertirse en constructores de perfiles baratos, a maquillar los hechos, a decir mentiras a cambio de falsos reconocimientos, pautas publicitarias  y prebendas de distinto tipo para completar sus salarios. Aquellos que no pueden arrastrar la cadena de la pauta y la mentira, “no dan la talla” y son sustituidos cruelmente por asesores comerciales que originaron un híbrido muy peligroso para la Verdad y para el derecho de información. Desaparecieron, asimismo, los brillantes y vehementes editorialistas en la radio y en la prensa, aquellos periodistas que arrojaron la semilla del inconformismo y ante los cuales temblaron los politiqueros, los corruptos, los incapaces y los criminales. Fueron como águilas anunciadoras que, cumpliendo con su deber de voceras del pueblo, pusieron sus garras sobre las llagas de los destinatarios de las arengas y proclamaron el ascenso de los fuertes y la ruina de los débiles. Fueron remplazados por ruiseñores que le cantan al poder. Es la prensa mediocre y venal que le hace coro y le dibuja muecas de satisfacción a los déspotas y traidores que engañan a la gente que dicen representar.
La verdad dejó de florecer en los labios y en las manos de muchos periodistas quienes guardan en sus gargantas y en sus computadoras  las palabras libres ante el soborno, el chantaje o las amenazas. La corrupción, la injusticia, la violencia y la politiquería marchan erguidas y soberbias, escoltadas por el silencio cómplice de los grandes medios de comunicación y de algunos periodistas. El poder los grandes Medios se refuerza con el ejercicio del periodismo de biberón que se alimenta de los presupuestos oficiales y por tanto es acrítico, complaciente y mentiroso.
También, el avance y la reconocida influencia de las redes sociales, que produjo los operadores semánticos espontáneos, no convencionales, abrió el camino para el ejercicio del periodismo alternativo que ya es más que una ilusión, es una esperanza para un país dominado por el crimen y la fuerza.
El periodismo alternativo es, pues, una opción que nos permite cortarle la carótida a la politiquería en la información y romper esa cadena que condena a los comunicadores a su dependencia del gobierno, de los poderosos, del comercio y hasta de las congregaciones religiosas.
Un periodismo alternativo que, además, por su carácter horizontal, se retroalimenta de manera constante y pone la controversia fraternal como elemento fundamental en la dinámica informativa que, del mismo modo, genera grupos de estudio y trabajo que no solo contribuyen al registro verdadero de los hechos, sino que también impulsa procedimientos dirigidos a transformar la realidad en donde se ejercita.
El periodista alternativo es, asimismo, un generador de ideas, un inquieto creativo de circunstancias, un inventor de nuevas formas de mostrar los hechos y de explicar sus implicaciones, un analista permanente y a su vez autocrítico que corrige las fallas en un aprendizaje permanente.
En medio de los avances, los trabajadores de la palabra debemos mantener el grito de alerta aunque seamos derrotados, aunque caigamos salpicados de sangre porque el silencio y la indiferencia son crímenes contra la verdad, porque son más nocivos que la violencia y la corrupción. Porque la verdad existe, es un hecho, pero no siempre alcanza la categoría de noticia ante los sobornos, el chantaje y la violencia contra los operadores semánticos.
Porque, al fin y al cabo, los únicos diálogos posibles sin las palabras son la guerra, el amor y, naturalmente, el tétrico encuentro con la parca.
Somos hombres de palabra, ¡Hagámosla cumplir!!!!

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