Edificio Yapurá de la UDLA, megaobra que aportará al desarrollo del Caquetá y la región

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Con un avance del 64%, el edificio Yapurá de la Universidad de la Amazonia refleja ya lo que será en solo unos meses, no solo referente arquitectónico de Florencia, sino uno de los puntos de encuentro más emblemáticos de la academia en los últimos tiempos. El rector Gerardo Castrillón Artunduaga, interesado por entregar pronto esta megaobra en pleno funcionamiento, promovió una visita para verificar los avances.

La arquitecta Gina Paola Ochoa Jaramillo fue la encargada de orientar el recorrido, piso por piso, explicando las bondades de la estructura en términos de sismorresistencia, acústica, aprovechamiento del sol y los vientos, así como el acondicionamiento para que los torrenciales aguaceros no sean un problema, entre otros aspectos. Son 60 aulas, más 20 salas de conferencias, además del salón de profesores, cuya sumatoria permite anticipar una fluida dinámica donde el intercambio de saberes -entre alumnos y profesores, conferencistas, científicos y demás personas- convertirá este lugar en algo emblemático, una ofrenda permanente a los más grandes propósitos de la región.

La modernidad de la obra se aprecia de principio a fin; tan solo sus columnas son de por sí portentosas, llamativas, otorgando una grata sensación de consistencia que se funde con la generosidad de sus espacios, incluidos los baños y ascensores, y qué decir de las salas de conferencias, ideadas para ampliarse o reducirse tanto como sea necesario según el número de asistentes. Por supuesto, con las ayudas audiovisuales que en la actualidad son indispensables para que un encuentro realizado en este lugar pueda ser visto de manera simultánea, si se quiere, en cualquier parte del mundo en óptimas condiciones a través de la internet.

Eso y más es lo que se visualiza al visitar la edificación, porque apenas se terminó la obra negra, de modo que viene todo lo que los conocedores llaman obra blanca, que incluye las instalaciones de electricidad, revestimientos y demás detalles, definiendo por completo el estilo de Yapurá, sugestivo nombre que nos remite de inmediato al río Caquetá, con toda su majestuosidad y cuyas aguas tributa al Amazonas.

La azotea, proyectada como sitio para el esparcimiento y la contemplación, juega de manera provocadora con el agua a través de una serie de propuestas muy bien pensadas, que sugieren desde ahora ese punto, el más alto, como uno de los de mayor concurrencia para contemplar la panorámica de la ciudad. Con un aventaja adicional, y es que las personas con discapacidad no serán convidados de piedra; todo lo contrario, desde el primer piso hasta el último están concebidos para que puedan hacer el mejor uso de ascensores, baños, corredores, salones y demás.

Por lo pronto, alrededor de 150 colaboradores ponen todo de su parte para que en octubre estén habilitados todos los servicios y en diciembre se pueda entregar la obra a cabalidad. Es así como se puede asegurar que Yapurá, ubicado en la sede central de la Uniamazonia,  es un sueño convertido en realidad, con la gran ventaja de que todos los caqueteños podrán compartir ese sueño desde este año y de manera indefinida. Sin duda, una de las grandes apuestas que el rector Gerardo Castrillón podrá entregar, para satisfacción de propios y extraños.

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