Educar para liberar

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El propósito teleológico de la educación es la emancipación del hombre. Tal
emancipación implicaría lo que Emmanuel Kant denominó “La salida del hombre de la minoría de edad”, en otras palabras, el valor de servirse de sí mismo con independencia.
Y esto para la educación tiene profundas implicaciones porque no hay más de donde elegir, o somos docentes innovadores, generadores de espacios inclusivos y democráticos o simplemente tradicionalistas, o somos estudiantes autónomos o simplemente recesivos.
Alguien podría decir, está bien que al principio el estudiante necesite de un mayor acompañamiento de alguien que le ilustre el camino, pero seguirlo haciendo siempre es sinónimo de cobardía. Y la cobardía puede ser del estudiante que no ha decidido emanciparse o del maestro que no ha comprendido el daño que le está causando a su aprendiz, esto es, condenarlo toda la vida a vivir dependiendo de alguien más, o tal vez
la cobardía sea de ambos.
¡Sapere aude!
¡Tengamos el valor de servirnos de nuestro propio entendimiento!
Es aquí donde toman importancia preguntas como ¿De qué manera hago que mis estudiantes sean más autónomos en su aprendizaje? Y ¿Cómo me hago autónomo yo mismo?.
No resultaría para nada mal la invención de una pócima o una pastilla que al ser ingerida propiciara tanto en uno como maestro como en los mismos estudiantes mayor libertad de expresión e independencia a la hora de tomar decisiones que comprometan el aprendizaje, pero el conocimiento no funciona de esta manera, porque aprender es una decisión de cada individuo y un proceso.
Así que simplemente nos queda decidir, para ser autónomos no hay que ir al médico, se construye autonomía al leer un periódico, al acercarse a un libro, al leer una revista, al hacer un ensayo, al preparar una clase, al escoger una opción, al tomar una decisión, al hacer lo más pertinente.
Es posible que la autonomía tarde en unos más que en otros, y aún implique unos cuantos fracasos, pero cuando se trata de aprender, el fracaso puede ser la antesala a una vida llena de independencia, solo así la educación habrá cumplido su propósito teleológico.

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