El profesor Jorge Reinel Pulecio se despide de la Oficina de Paz de la UDLA

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“Había un pajarito al medio día del camino,
tentado de alzar vuelo, volar y volar.
Había un camino hecho, contrahecho
desecho y vuelto a comenzar
Ahora somos dos pajaritos, un solo vuelo
y un camino por andar, andar y andar.
 

Este corto poema, puesto en la página 122 de su libro “Amor y Guerra en el Amazonas”, parece ser la brújula que con fuerza magnética orienta el camino del economista, compañero y amigo, Jorge Reinel Pulecio Yate, quien tras dos años de largas, estremecidas y fructíferas veladas solitarias y en grupo, deja la coordinación de la Oficina de Paz de la Universidad de la Amazonia.

El valor de su trabajo, de los postulados e hipótesis demostradas o en ejecución, la palabra oral y escrita y en general el activismo que lideró en ese espacio de la UDLA, serán valorados de manera objetiva con el paso del tiempo porque se desarrollaron, justamente, en momentos en que la sombra  de la violencia empezó su devaluación por cuenta de los acuerdos de Paz firmados por el Estado colombiano y la guerrilla más antigua del mundo. Una tarea que será recordada y cuidada con esmero, como una foto vieja de la historia.

Su trabajo cauteloso, como un tigre detrás de su presa, reforzado por su rebeldía formidable, la inteligencia y los abundantes recursos académicos, despertó admiración a medida que la lucha avanzaba pero también los resplandores de la cotidianidad fueron opacados algunas veces por el insulto y la calumnia que siempre serán inferiores a los laureles cosechados.

Cálido, vehemente, persistentemente dudoso y crítico, algunas veces alto y hosco, tal vez por su naturaleza de excepción, por momentos sufre la transfiguración derivada de su severidad perfeccionista. Lo disfruto cuando vibra y deslumbra con sus posiciones de azote y sarcasmo, envuelto en el torbellino de la controversia, cegado por su elocuencia y sabiduría en temas económicos.
Su pluma tiene una rara combinación de garrote y zanahoria y en la cabina de radio, en el programa oficial de la Oficina de Paz, “Puntos de Encuentro” de la UDLA, se hizo muy familiar su posición con las brazos abiertos sobre la mesa de trabajo y su acento de pontífice, pero también de poeta.
Todos los huracanes perfumados de la selva soplan en sus escritos y en su oralidad agradable que, como en el mencionado libro “Amor y Guerra en el Amazonas, asciende a la altura de la soberbia y desciende hasta la conmiseración, tan rápido y tan fácil como los dedos de un guitarrista cambian de cuerdas en la ejecución de los tonos. Sus frases son oráculos para la historia de los pueblos amazónicos, oprimidos y olvidados y estoy seguro que Jorge Reinel guarda muchos secretos, como la misma selva amazónica. Y confío en que se retira para develarlos en nuevas jornadas en medio de la soledad, porque la noche siempre espera el amanecer.
Distintos sectores académicos e intelectuales reconocen que el trabajo de la Oficina de Paz le dio brillo a la Universidad de la Amazonia, que se hizo muy visible en el entorno universitario nacional al liderar la promoción y defensa de los acuerdos y por su constante presencia en todos los escenarios de la vida regional, nacional e internacional. La Oficina de Paz de la UDLA es referente de importancia en el sector académico y su funcionamiento ya es tema de análisis y ejemplo para distintos centros educativos de varios países.

Convencido de que la Verdad a medias es una forma de engaño, Pulecio se propuso poner en marcha un Medio para dejar constancia escrita de la búsqueda de la Verdad, precursora de la Libertad, para mirar siempre al fondo de la coyuntura social, económica y política y explorarla con actitud propositiva. Se fundó entonces, el periódico virtual AmazoniaypaZ.com, el cual, erguido, soberbio, bien escrito, ameno y en el que caben todas las opiniones, se convirtió en un otro componente del sueño por la Paz y la convivencia.

Cierro esta nota con otra alusión al libro de Jorge Reinel, “Amor y Guerra en el Amazonas”; en sus agradecimientos afirma que sus textos “se salvaron del olvido y el terror -terror al escarnio- gracias a que algunas vez los leyó Lucia Mantilla y se empeñó que debían salir a la luz pública. Luego también los corrigió con rigor. Mi hermano Herminso contribuyó con los recuerdos enredados”. Les pido, a los dos, en nombre de las letras, de la historia y de la Verdad, que empiecen a aletear sobre sobre su amigo y hermano para que lo hagan invulnerable al olvido y como una fanfarria permanente le griten los recuerdos de la selva…porque él lo dijo en su poema “caminito en voz de tango”: ahora somos dos pajaritos, un solo vuelo y un camino por andar, andar, andar…”
¡¡Que se salven otros textos del misterio del silencio…que su retiro y la espera sean compensados con la emoción sagrada de la palabra, otro misterio, el misterio omnipotente de la escritura y de la vida!!!!

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