Estudiantes caminan desde la manigua hacia la selva de cemento

Todos jóvenes, que se hicieron llamar hijos de la manigua, lanzaron un grito desafiante desde la concha acústica de la UDLA, rodeados de numerosos compañeros que los despidieron en medio de aplausos.

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Con pesados morrales repletos de ropa, provisiones y algunos botiquines, cerca de 50 estudiantes de la Universidad de la Amazonia partieron a las 10:30 de la mañana de este martes 6 de noviembre rumbo a Bogotá; ya no en la comodidad de un bus, como lo han hecho en otras ocasiones, sino dispuestos a caminar 548 kilómetros que separan a Florencia de la capital del país. De manera autónoma, luego de analizar las respuestas del Gobierno Nacional a las reclamaciones del movimiento estudiantil por una educación superior digna y de calidad, decidieron tomar esta medida como nuevo mecanismo de presión

Todos jóvenes, que se hicieron llamar hijos de la manigua, lanzaron un grito desafiante desde la concha acústica de esta casa de estudios, rodeados de numerosos compañeros que les pidieron no ceder en su empeño; “no importa el cansancio, no importa el tiempo, no importa el hambre ni la sed; lo único que importa es la intención que tenemos de poder ganarnos una educación para el pueblo, digna y de calidad…”, exclamó el líder estudiantil Miguel Villanueva ante el público entusiasta.  

“Hijos de la manigua: recuerden este acto, ustedes están haciendo historia; sobre ustedes se escribirán relatos, libros y quizás poemas”, dijo uno de los espontáneos asistentes que se animaron a tomar el micrófono  en el emotivo acto de despedida. “Más de un millón de pasos quedarán pequeños ante ustedes, no decaigan… que el dolor, la angustia y la desesperación no los hagan retroceder; para atrás, ni para mirar. Hijos de la manigua: fuerza, la selva de cemento los espera”, tronó en el espacio que sirvió de plataforma para esta nueva gesta.

Preocupa, como lo manifestó el padre de familia Jaír Rodrígez, la seguridad de estos jóvenes, pues durante su recorrido estarán expuestos a las inclemencias del clima, el acecho de delincuentes, maniobras riesgosas de los conductores y por supuesto el deterioro por el cansancio, que pronto se hará sentir en aquellos cuyos organismos no estén bien preparados para ese sacrificio.  

Como sea, mujeres y hombres se marcharon con la convicción de llegar a su destino. No tenían certeza de qué harán tan pronto lleguen a la capital del país, pero con seguridad encontrarán la luz al final del camino; quizá sea la Plaza de Bolívar donde culmine su caminar y tal vez entonces estarán rodeados de cientos o miles de universitarios solidarios. También puede suceder que las mesas de negociación con el Gobierno lleguen en pocos días a buen puerto, en cuyo caso podría suceder que estos hijos de la manigua regresen sin haber completado su hazaña, pero sí con la sensación de haber alcanzado el objetivo principal: educación superior digna y de calidad para todos.

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