Ideas emprendedoras talladas desde Putumayo

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Con trabajos manuales, Flor Duque y Alba González, dos sobrevivientes del conflicto armado del suroeste colombiano, han logrado tejer una nueva historia de superación.

Las ideas de negocio de dos emprendedoras de Puerto Guzmán se entrelazan ante el desplazamiento forzado del cual fueron víctimas, sin conocerse, ambas le hicieron frente a la misma adversidad, con un objetivo en común: ser independientes y fortalecer la economía de sus hogares.

Ante las amenazas de los grupos ilegales, Flor Duque y Alba González tuvieron que desplazarse para preservar sus vidas y llegaro, sin acordarlo, al mismo municipio.
Las dos, provenientes de diferentes zonas del Putumayo han sido beneficiadas por la Unidad para las Víctimas con elementos de dotación para fortalecer sus ideas de negocio y gracias al acompañamiento de la entidad, lograron, por primera vez, participar en una feria para comercializar sus productos. Esto ocurrió durante el Taller Construyendo País que se cumplió en la ciudad de Mocoa.

La primera, Flor, proveniente del municipio de San Miguel, sufrió el asesinato de su hijo y la incineración de su casa por parte del grupo paramilitar Los Masetos. Esta emprendedora de 69 años, tras realizar un curso de artesanías, empezó a crear sus piezas con el apoyo de la Cooperativa Asoarte. Cuando habla de todo lo que puede hacer con sus manos se apasiona, le gusta trabajar con varios materiales y su aspiración es posicionarse en el mercado de las artesanías con sus creaciones.

Durante la visita del director nacional de la Unidad, Ramón Rodríguez, tuvo la oportunidad de entregarle una pieza artesanal en madera, de su autoría, con un mensaje de esperanza que les extendió a todos los sobrevivientes del conflicto armado, quienes como ella han sufrido: “Que tengan paciencia y se peguen a Dios porque siempre vendrá para ayudarlos”.

Por su parte, Alba, quien también tuvo que huir junto a su familia hacia Guzmán, ante las amenazas de muerte dirigidas a uno de sus tres hijos por ser soldado del Ejército, tras esa época de zozobra, pudo descubrir que tenía la habilidad para diseñar y elaborar sandalias, una actividad que junto a su esposo emprendieron hace tres años.

Sus productos los comercializan puerta a puerta, la materia prima es el cuero, hule y nebú y asegura que son cerca de tres horas lo que tarda el proceso de elaboración de un par de sandalias. Su aspiración es ver crecer su negocio, generar empleo y demostrar que “ante las caídas podemos levantarnos para seguir adelante”.

Estas dos mujeres comparten una historia de vida que comienza con una tragedia que nunca debieron vivir miles de víctimas en Colombia, pero de la cual se desprende un mensaje de tenacidad y resiliencia, para transformar lo vivido en oportunidades.

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