Investigadora caqueteña defiende los cananguchales como fuente de recursos

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Como la semilla que da origen a una nueva vida, los jóvenes caqueteños se constituyen en ese grano capaz de transformar el departamento y toda la región amazónica; así lo confirma el Segundo Seminario Internacional de Fiscalidad Ambiental, que concluye este sábado 11 de mayo en la Universidad de la Amazonia y en cuya primera noche brilló con luz propia Gina Alejandra Santofimio Tamayo, estudiante de Ecología en la Pontificia Universidad Javeriana.

A sus 22 años de edad, muy cerca de terminar la carrera, Gina Alejandra expuso en el Auditorio Ángel Cuniberti el tema “Patrones de acumulación de carbono en suelos de turberas tropicales de origen aluvial en el departamento del Caquetá”, iniciativa que por primera vez se desarrolla en Colombia dentro de un propósito de instituciones y profesionales de varias naciones comprometidos en la tara de conocer el porcentaje de acumulación de carbono en todos los humedales del mundo. Quieren precisar el impacto real en el cambio climático, para lo cual cuentan con esta mujer de fina figura y suave trato; pero de una firmeza digna de encomio.

Su apego por el Caquetá y la visión de un profesor, Juan Carlos Benavides, le marcaron el derrotero para construir la tesis que bien podría definir su proyecto de vida. En Perú y Brasil los humedales amazónicos tienen un gran potencial de acumulación de carbono, le dijo él, quien había concentrado sus estudios en los páramos en coordinación con la Universidad Exeter, de Inglaterra; “me mostró la propuesta y yo, que soy oriunda del Caquetá, tomé la iniciativa y empezamos a trabajar en conjunto para complementar este gran proyecto”, comentó Gina, quien está visiblemente preocupada por los altos niveles de deforestación.

Un informe del Ideam anticipa que Caquetá tendrá aumento significativo de la temperatura y alta reducción en las precipitaciones, manifestó para explicar que  esto afectará no solo el ecosistema, sino a toda la población, su quehacer diario, su economía; sin embargo, dijo con aires de esperanza, hay cierta capacidad de resiliencia. A partir del carbono almacenado en el suelo, ella ve una alternativa de solución para que conservar sea también en una fuente de ingresos que aliente a las comunidades.

Es así como su investigación, tan novedosa como valiosa, abre campo a una nueva perspectiva del ecosistema amazónico para frenar los efectos del cambio climático; enfoque que igual representa una propuesta para que cocaleros y ganaderos, entre otros,  sean beneficiados con estrategias como los bonos de carbono y la producción de frutos amazónicos.

La investigación

Alejandra se enfocó en el río Orteguaza, con tres puntos de referencia: Florencia, San Antonio de Getuchá (Milán) y la vereda Potreros, en Solano; según contó, evaluó la variación de carbono a lo largo de la geomorfología del río, para ver cómo varía el carbono desde el nacimiento del afluente, en el piedemonte amazónico, hasta su desembocadura en el río Caquetá. Fueron cinco meses de trabajo en los que contó con el acompañamiento, en las fases de campo, de otros estudiantes de Ecología, con el apoyo de la Sexta División del Ejército, que a través de la Burbuja Ambiental facilitó el transporte y garantizó la seguridad; además del programa Paisajes Conectados, de la organización Fondo Acción. De igual modo, indígenas, ganaderos y demás lugareños acogieron al grupo en las visitas a sus zonas de influencia, como el resguardo de San Antonio de Getuchá, la vereda Potreros (Solano) y los alrededores de la sede Macagual de la Universidad de la Amazonia.

Aparte de tomar muestras de perfiles del suelo, la joven invstigadora registró datos de la conductividad del agua y el pH (indicador del grado de acidez o basicidad de una solución acuosa); para luego hacer en Bogotá un análisis extenso de las medidas de carbono, materia orgánica y mineral, además de los macrofósiles (hojas, raíces, madera, arena y cualquier tipo de sedimento).

A su paso, encontró que los cananguchales tenían una intervención muy fuerte, con alto contenido de materia mineral, debido al drenaje de los humedales y la tala de especies vegetales. El río Orteguaza, de origen andino, lleva consigo una alta carga de sedimentos; explicó indicando que esto influye en las dinámicas de la vegetación; “como son suelos inundados todo el año, la descomposición es más rápida, en comparación con un bosque no inundado”.

“Quiero salvar la Amazonia”

“Siempre me digo yo quiero salvar a la Amazonia, quiero recuperar ese ecosistema, es mi postura de todos los días”, expresó la universitaria agradecida porque, “a pesar de todo, el Caquetá es un departamento que nos ha aportado mucho a los jóvenes, a nuestros padres y abuelos”. Ella sabe de los días en que la violencia significó el mayor azote para los caqueteños; por eso, se siente feliz de poder caminar ahora su territorio con mayor tranquilidad y, más aún, estudiarlo para hacer propuestas cuya real dimensión se descubrirá con el tiempo. “Si uno tiene la posibilidad de irse y aprender nuevas cosas, ¿por qué no devolverle algo al departamento, que ha sido tan bueno con nosotros a lo largo de nuestras vidas?, recalcó sorprendida porque todavía hay quienes quieren acabar con los humedales, pese al potencial que representan según su perspectiva.

Perpleja comentó que alguien le transmitió su rechazo por los humedales, debido a que el ganado se le entierra y aparecen culebras, algunas peligrosas, de modo que ve estos terrenos como una fuente de pérdida, no de recursos. Por eso, insistirá en mostrar el potencial de acumulación de los cananguchales, su capacidad de regeneración; “si los talamos, todo ese carbono acumulado se va a expresar en la atmósfera”, exclamó advirtiendo que el objetivo de reducir las emisiones de gases efecto invernadero no se va a cumplir; “al contrario, vamos a aumentar”.

Su invitación a los caqueteños es a que tengan más en cuenta estos ecosistemas, que no los vean como algo de poca importancia; “lo que el mundo nos está exigiendo ahora es cuidar la casa, que no nos veamos afectados por el aumento de la temperatura, por la disminución de las precipitaciones; tenemos entonces que conservar también los cananguchales, promover procesos de reforestación en esos sistemas, para incluirlos en esas alternativas de bonos de carbono, además de mostrar al Caquetá como departamento innovador, que seamos líderes en este tema de carbono y de servicios ambientales”, concluyó convencida de que parte de la solución está en acudir a campesinos e indígenas cuyo conocimiento ancestral se debe  explorar mucho más.

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