La voz del maestro Juan Manuel Serna Urrea enalteció la conmemoración de El Día del Idioma

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La Ley  60 del 30 de enero de 1982 dio origen a la Universidad de la Amazonia cuyo primer rector fue  Juan Manuel Serna Urrea, lingüista por excelencia, reconocido hombre de radio, maestro de maestros, personaje que este martes 23 de abril, Día del Idioma, enalteció con su intervención, desde Medellín, el espacio radial “Puntos de Encuentro”, de la Oficina de Paz-udla, que en esta oportunidad puso en lo más alto del pedestal a la palabra como instrumento de dominación, pero también de liberación.

Se fue hace más de 30 años del Caquetá, pero su voz se sintió como un bálsamo a través de la comunicación telefónica, que acercó así su figura majestuosa con la calidez que otorga la radio. De entrada, recordó el día que dejó Medellín, cansado de la violencia, y se vino al Caquetá a visitar unos amigos; estaba recién llegado de Alemania, luego de hacer un doctorado en Lenguas Indogermánicas en la Universidad de Múnich; se vinculó a la UDLA y pronto lo eligieron rector: “nunca me lo soñé, ni lo aspiré”, comentó reconociendo que, entre otras cosas, fue difícil generar un ambiente netamente académico.

Deploró los ideologismos que permean las universidades en Colombia; “tuvimos encima todos los ojos”, manifestó al hacer memoria de los seguimientos de la inteligencia militar, el DAS, diversas fuerzas políticas… mientras él procuraba hacer una labor de titanes; “era una cosa que me ponía en peligro, significaba mucho esfuerzo y sacrificio”; pero tenía confianza en sacar adelante la institución a pesar de las controversias internas y las presiones externas.

Ya entrado en el tema central, la fuerza de la palabra, hizo énfasis en que el idioma es el mayor invento de la humanidad, “es el medio de comunicación perfecto, nada hay más perfecto que la lengua, la lengua llena todas las aspiraciones, permite expresar todo: deseos, sentimientos, y sobre todo formar sociedades que, a partir de la cohesión que produce el idioma, producen la identidad y son la base de las culturas”.

El mayor valor social que tiene una cultura es el idioma, continuó; “si quiere conocer una cultura, la que sea, estudie primero el idioma, porque la clave lingüística es la que nos dice cómo piensa la gente, cómo se expresa, cómo se relaciona, cómo maneja sus asuntos y sobre todo cómo se organiza”. Sus siguientes reflexiones fueron para destacar que de ahí parte la evolución del hombre como hombre, “lo que le permitió ponerse por encima de todos los demás animales, a pesar de ser el animal más torpe que hay en la escala animal”.

Sobre la paz, advirtió que “no nos podemos sentar a llorar las tristezas del pasado, sobre todo que la historia desgraciadamente se utiliza políticamente y maliciosamente para defender ciertos intereses”. En la historia colombiana, añadió, “nos vendieron una cantidad de próceres y de guerras y pugnas, que no eran sino unas luchas parroquiales por el poder político, económico, para apoderarse de las tierras”.

Esa verdad, complementó, no es buena, no le sirve a nadie; “además, si la utilizamos para perseguir a otros grupos, creyendo que con eso encontramos la paz, ahí sí acabamos de echarle sal a la herida y encender otra vez la furia, el rencor, esas emociones negativas que manejamos los colombianos, porque nosotros somos emocionales”. Colombia es un solar predilecto de la emoción, dijo aludiendo al humanista antioqueño Luis López de Mesa.

Hay que dejar más bien que se restañen las heridas y pensemos un futuro más promisorio para las nuevas generaciones; para qué pensar en lo que hicieron otros, si lo que nos espera es un futuro muy diferente y sobre todo muy complicado”, concluyó, no sin antes hacer un llamado a cultivar la radio, que según su juicio se volvió “farandulera, trivial, mientras hay un poco de gente que necesita un alimento valioso para el espíritu, para la emoción”.

Por su parte, el profesor Diego Barrera, coordinador del Programa de Lengua Castellana de la Uniamazonia, invitó a leer “porque las lecturas nos sirven para crear mundos imaginarios, como diría el sicólogo y pedagogo Jerome Bruner”. Habló de ese poder de la palabra que se encuentra “en el impulso biológico que tenemos para contar, para decir, reconstruir, reflexionar, para reconocernos también, para volver sobre ese problema de contarnos, de identificarnos…”.

Su participación fue, de igual modo, un reto a los jóvenes para que estudien Literatura y Lengua Castellana, uno de los pocos programas que tiene el sur colombiano, “que invita a descubrir nuestro trasegar histórico a través de las letras”, expresó destacando la labor docente, sobre todo en el proceso inicial de la vida del sujeto, que antes de ser economista, médico, abogado, ingeniero… pasa por la básica primaria y luego la secundaria. “Entendemos la posibilidad de encontrarnos a través de los libros y concebir otros mundos que se fabrican a través de las narraciones, de eventos que probablemente no sean verdad”, subrayó como evocando a Neruda cuando decía: “… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció…”.

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