¿Por qué firmamos el Acuerdo?

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“Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía”.

Lenin.

Gracias al constante empuje y motivación del movimiento estudiantil sumado al profesoral que frecuentemente ocupaban las calles pintándolas de dignidad, resistencia y lucha social, el Gobierno Nacional tuvo que aceptar públicamente la crítica situación presupuestal de las IES Públicas y la necesidad de establecer una mesa de negociación con los actores de la comunidad académica.

Como era de esperarse el Gobierno Nacional llegó a la mesa con múltiples argumentos que pretendían resaltar la supuesta imposibilidad por parte del establecimiento de destinar mayores recursos para las IES. “No hay presupuesto” fue seguramente la frase que más se repitió públicamente por parte del presidente Duque y el Ministerio de Educación Nacional (MEN), cuestión que apuntaba a desestabilizar la relación del movimiento estudiantil frente al resto de los actores de la sociedad colombiana, calificando el paro ante la opinión pública como un ejercicio sin sentido y por lo tanto sin objetivos reales.

La constancia y la persistencia frente a los recurrentes intentos de criminalización de la movilización social, los actos de sabotaje y la violencia física por parte del ESMAD y la Policía Nacional, que nos han costado sangre e incluso graves afectaciones para la vida irremediables como en el caso del compañero Esteban Mosquera, dejaron clara la voluntad inquebrantable del movimiento estudiantil y profesoral de seguir adelante pese a las brutales condiciones impuestas por el establecimiento y el momento coyuntural legislativo para garantizar los recursos económicos para los próximos cuatro (04) años, nos vimos obligados a concretar propuestas que sin ninguna duda son claves para un primer acuerdo y que asegura la base del debate que se convertiría en el primer gran paso del movimiento estudiantil y profesoral para seguir avanzando y avivando la lucha en defensa de la educación pública.

Quienes integramos las Vocerías Nacionales somos el resultado de un proceso de elección democrático basado en la confianza y somos conscientes de que el gobierno estaba cediendo, pero también sabíamos de la premura de los tiempos del movimiento estudiantil en términos de las fechas en que nos encontrábamos y las serias dificultades que tendríamos para citar nuevos encuentros de emergencia que sumado al posible cambio de miembros del gabinete ministerial, nos indicaban que era fundamental amarrar los logros obtenidos hasta el momento como una primera victoria de nuestro pliego de exigencias; por lo tanto, tomamos una decisión responsable y respetuosa con el país logrando así comprometer los recursos en la vigencia del PGN 2019 y llegar a las IES a ratificar o desaprobar lo planteado, decisión que solo tienen las asambleas de cada institución.

La decisión frente a la firma de los acuerdos no fue fácil, sobre todo para aquellos que lo suscribimos, sabíamos que independientemente de la decisión que tomáramos habrían serias repercusiones políticas, que muchos compañeros y compañeras podrían asumir lo acordado como una falta a los principios del movimiento. Aquí cabe resaltar que el momento que vivimos previo a los acuerdos se caracterizó por la ausencia de insumos para la negociación que se debían dar como resultado del ENEES de emergencia realizado en la sede Bogotá de la UN; y agregado a la necesidad de asumir una postura que asegurara lo logrado hasta el momento.

No firmamos suponiendo que los 5.85 billones de pesos obtenidos solucionarían 25 largos años de déficit presupuestal de las IES: ¡No!; lo hicimos sabiendo que este hecho marcaría un antes y un después en nuestro camino y que representaría un precedente de lo que puede ser logrado a través de la lucha solidaria de estudiantes y profesores, asegurando 1.34 billones de pesos a la base presupuestal que sin duda marcarán una mejora significativa en términos de planta profesoral, bienestar universitario, pero sobre todo representarán más tiempo para el movimiento estudiantil en su ruta hacia las reformas Normativas de la Ley 30 de 1992, la reforma integral al ICETEX y la reforma al Sistema General de Regalías para poder constituir un modelo diferente de financiación a la educación pública y que recupere la naturaleza de la misma.

Lo que allí quedó consignado, insistimos, fue fruto de la lucha de los y las integrantes de las diferentes IES Públicas del país que secundados por el apoyo de la ciudadanía y organizados colectivamente a través de los ejercicios asamblearios hicieron tambalear los cimientos donde se erigen las leyes que sistemáticamente han beneficiado más a un pequeño grupo de poderosos en contravía de los intereses generales de la población colombiana. Frente a este hecho aclaramos, que debido a la misma naturaleza del movimiento estudiantil nunca se planteó por parte del equipo negociador de la UNEES la posibilidad de incluir en los acuerdos iniciales, el fin del paro, pues sabemos que las asambleas son las únicas que ostentan un poder para tomar decisiones y porque de antemano resaltamos la necesidad de citar a nuevas movilizaciones, de seguirnos pensando y materializando la lucha, más ahora que nos demostramos a nosotros y nosotras mismas que la lucha y la movilización social sí sirven y que son la única vía posible para obtener y garantizar más y mejores derechos.

Ahora bien, soy consciente de que los acuerdos han suscitado una gran variedad de debates, conformidades e inconformidades y no debería ser de otra manera, porque lo logrado se da desde la base de la diversidad, del reconocimiento de la otredad y no desde supuestos homogenizadores del pensamiento. Es allí donde radica nuestra fuerza y es de cara al movimiento, que como vocera nacional asumo mi responsabilidad política y reitero el compromiso de seguir construyendo y dando el debate en los escenarios que sean necesarios siempre con la mirada puesta en dar continuidad a nuestra lucha que apenas comienza.

Que el futuro de la educación para las y los colombianos no se vea opacado por rupturas y rencillas internas que solo benefician el juego de intereses de los poderosos. Que nuestra determinación, solidaridad y apoyo mutuo sobrepasen la voluntad de quienes nos han tratado siempre como peones.

Me queda por hacer una amplia y generalizada invitación a seguir construyendo el movimiento estudiantil, a fortalecer las bases, a avivar la alegría y la fraternidad que caracterizan a la UNEES, espacio que nos ha permitido congregarnos, pese a nuestras diferencias, por un objetivo común que trasciende los intereses del hoy.

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