Reflexiones en blanco y negro de Jesús Abad sobre el conflicto armado

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¿Cómo fotografiar el conflicto armado en Colombia sin agredir la razón y los sentidos? ¿Cómo hacer de las más crueles masacres un mensaje de vida y esperanza? El periodista y fotógrafo antioqueño Jesús Abad Colorado, ganador el año pasado del Premio Nacional de Fotografía que otorga el Ministerio de Cultura, tiene la respuesta y lo hace a través de miles de imágenes, acopiadas durante más de 30 años de ejercicio profesional.

Vino a Florencia para compartir parte de esa selección, lo hizo en el auditorio de la Cámara de Comercio y, aunque no hubo la asistencia masiva que merece una presentación tan edificante como estremecedora, con el estilo propio de un auténtico narrador de historias mantuvo cautivos por cerca de dos horas a los mal contados 100 espectadores. En un silencio cómplice, todos lo siguieron con ojos y oídos para no perderse ningún detalle; sus palabras, una tras otra, parecían por momentos certeros dardos que invitaban a la reflexión; sus silencios igual invitaban a la reflexión; qué decir de las imágenes, todas en blanco y negro, clara señal de duelo, de respeto por la tragedia nacional, de la cual ha sido víctima y testigo;  pero también, y sobre todo, un interlocutor propositivo, que ha intentado acompañar a las víctimas en medio de las más dramáticas vivencias, con ese dolor que solo quien lo padece sabe cómo se siente.

Por eso, sus imágenes de cruentos episodios de muerte y desarraigo, como las tomadas en Granada (Antioquia) y Bojayá (Chocó), entre muchas otras, están colmadas de significados. Y las que deja de tomar son quizá más fuertes, más impactantes, porque están grabadas en su mente, esas nunca se borran, están guardadas en su mente y nunca las revelará porque dan testimonio de los peores ejemplos de la bajeza humana, algo de lo que reniega, aunque de inmediato repara en que lo suyo es más revolucionario, porque invita al cambio, a la paz entre semejantes, a la concordia.

Es así como se pregunta cómo es posible que un país donde abundan toda suerte de creencias religiosas no se aplique por lo menos uno de los 10 mandamientos que pregona la cristiandad. “Si aplicáramos un solo mandamiento, amar al prójimo como a mí mismo, nos ahorraríamos el resto”, dijo quejándose sobre todo de la clase política.

“Estamos entre los países más corruptos del mundo, con la mayor inequidad, el país donde más sindicalistas han asesinado, gran parte de ellos educadores, qué decir de los secuestros”, recalcó indicando que en un territorio tan bello y tan rico se podría vivir mejor que en cualquier lugar de Europa, si se orientaran los recursos con decencia. “Lo que uno ve es un país mal administrado, sumamos dos siglos administrados por la misma clase política…. Perdedores van a ser siempre los mismos, los más pobres. Nada más peligroso en una sociedad que un corrupto; el criminal hace daño, pero más daño hace un político que se roba el presupuesto de la sociedad, de la alimentación escolar, de la educación, el de la salud”, agregó al deplorar la existencia de carteles dedicados a despojar el erario. En todos los departamentos hay excepciones, especificó,  “pero la constante es que abusan del robo del presupuesto”.

La paz, apuesta de largo aliento

“Enmermelado, le dicen a cualquier persona porque le apostó a la paz”, manifestó Abad perturbado porque no logra entender a quienes siguen sembrando odio en Colombia. “Vino el papa Francisco, nos invitó a construir la paz, pero no lo entendimos; en mi tierra mucha gente salió a marchar y muchos decían: papa Francisco, si viene a apoyar el proceso de paz, mejor no venga”.

La paz, continuó, posibilitó que muchos periodistas se dedicaran a contar la realidad del país desde la corrupción. Hizo alusión a los casos más sonados, como Reficar y Odebrecht; además de algunos relacionados con salud y educación. “La paz puso en evidencia esa realidad; pero hay quienes les gusta seguir hablando de guerra, para que nadie repare en el peor mal de todos… Es una lógica perversa”.

En oposición a todo lo que empaña el acontecer nacional, insistió en mostrar ejemplos que enaltezcan, como el de Mercedes en Ciénaga (Magdalena), que luego de largos años de sufrimiento recuperó un terreno donde hoy adelanta un proyecto productivo con su familia y habitantes de la vereda La Secreta; “hoy exportan café a Suecia y Japón; además sacan miel de Macondo”. Aclaró que el nombre, aunque de inmediato conecta con la creación literaria de Gabriel García Márquez, tiene que ver con un árbol semejante a la ceiba.

Esa es una historia con final feliz, por supuesto, no todas termina igual; por eso, reiteró que la guerra nunca será la solución, no lo fue hace más de cinco décadas cuando empezó ese pavoroso registro, mucho menos ahora. “Lo que necesitamos es darnos la mano y reconciliarnos”, insistió al animar a los presentes a mostrar el quehacer de los campesinos, principalmente; “ellos son los que han puesto los muertos en la guerra; a ellos todos los días los necesitamos, sin ellos no hay comida y sin embargo siguen siendo violentados de múltiples formas”.

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