Semilleros de investigación, una luz de esperanza en la construcción de Paz

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La juventud les llegó con la chispa adelantada a Érika, Laura y Fernanda pues son de esas mujeres que no tragan entero, les duele el país y por eso no se quedan calladas; todo lo contrario, de sus labios brotan las palabras a borbotones para expresar su opinión con argumentos consistentes, además de emprender toda suerte de faenas propositivas. Las tres participaron en el Primer Campamento Juvenil de Semilleros Colectivos de Investigación realizado en Caquetá, con la Universidad de la Amazonia como anfitrión; actividad que les permitió departir con habitantes de Puerto Torres y Agua Bonita, dos escenarios que en tiempos del posacuerdo son testimonio vivo del fragor del conflicto armado en Colombia.

Como estudiante de Derecho de la Uniamazonia y coordinadora estudiantil del semillero Inti Waira, Fernanda ayudó a construir la agenda que ocupó a universitarios venidos de la Universidad Externado de Colombia y la Universidad de Caldas. Un ejercicio enriquecedor, que dio lugar al intercambio de experiencias en materia de investigación, pero también, entre otras cosas, de interacción con familias víctimas del paramilitarismo y miembros de las Farc que ayer empuñaron las armas y hoy no solo son ejemplo de reintegración, sino de emprendimiento en circunstancias nada fáciles.

Para ella, era de la mayor importancia saber qué mensaje se llevarían a su regreso los visitantes, hombres y mujeres que por su formación y su juventud venían con el buen ánimo de hacer del campamento algo dinámico, con tertulias, juegos y discusiones profundas sobre temas afines, como en efecto sucedió. “Me alegra saber que no solo en Caquetá estamos construyendo paz, sino en todo Colombia… ellos me hacen ver cómo hay muchos jóvenes aportando a la paz”, manifestó Fernanda Toro, satisfecha de haber aportado a que los estudiantes tuvieran sus propias impresiones de una realidad que muchas veces les transmitieron de manera distorsionada a través de los medios de comunicación.

“En este semillero hemos trabajado bajo una pregunta: ¿cómo el conflicto armado ha afectado nuestra vida?”, acotó Erika Velásquez Hurtado, estudiante de octavo semestre de Trabajo Social en la Universidad de Caldas, quien afirmó que de este encuentro le queda “mucha esperanza y mucha fortaleza, porque desde el territorio en que vivo le he apostado a apoyar el acuerdo de paz, el plebiscito…”.

Desde pequeña ha hecho parte de grupos que contribuyan a cambiar toda esa historia violenta, por lo cual su formación es constante conociendo cada día más de los orígenes del conflicto, las consecuencias y el abordaje en prospectiva de los problemas derivados. Entre otras cosas, tiene claro que hay fallas protuberantes en esas estructuras estatales que dan pie a la desigualdad, la falta de educación pública, las deficiencias en salud y, en general, a la escasez de oportunidades.

“Me llena mucho de fortaleza que se esté pensando desde el Caquetá, desde los semilleros, esos procesos de resurgir, de resiliencia, que no son fáciles; pero uno ve en la comunidad un empoderamiento y una fuerza que si todos la acompañamos, si creamos redes de apoyo, se puede lograr”, dijo inconforme porque persiste la coerción, por el asesinato de líderes, incluidas personas desvinculadas del conflicto. “Vemos que a pesar de todo las comunidades se siguen levantando, siguen luchando con esa idea de sociedad”, añadió señalando como ejemplo lo que vieron en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Agua Bonita, donde hombres y mujeres que abandonaron las armas trabajan por propósitos comunes, como los proyectos productivos con los que obtienen algunos recursos.

Sorprendida quedó, además, de ver cómo algunas familias regresaron a  Puerto Torres, recorrieron los caminos de los que un día fueron apartadas y se reencontraron consigo mismas en una serie de actos que invitan al resurgir de esa parte del departamento. “Me parece que esos escenarios de reconocimiento, de visibilización de lo que está pasando también contribuyen a la memoria, a darnos cuenta como colombianos de que tenemos que empezar a relacionarnos diferente…”, exclamó indicando que la peor respuesta es la indiferencia.

Érika y Laura llegaron de Manizales mientras que Fernanda vive en Florencia; pero todas, de una u otra forma, coinciden en que el conflicto tocó a sus familias; al narrar sus historias encuentran entonces que tienen más en común de lo que creen, así vivan en lugares distintos. “Mi acto más revolucionario, para cambiar eso, es pensar día a día cómo me estoy relacionando con el otro, cómo son esos vínculos que estoy creando, cómo estoy participando políticamente, cómo me estoy vinculando a escenarios u organizaciones que le apuesten a otras cosas”, expresó Érika al explicar que por eso hace parte del semillero de investigación, “porque es una oportunidad de intervenir desde las microacciones, de empezar a construir apuestas políticas que lo guíen a uno a pensarse una Colombia diferente”.

Al respecto, Laura Grisales llamó la atención sobre las personas que se reconocen por fuera del conflicto, sin entender que, así no las haya marcado directamente, es imposible sentirse ajenas a algo semejante y, peor aún, no hacer nada, dando lugar a que los problemas se engrandezcan. “Esos encuentros de semilleros son muy fructíferos, es un espacio con el otro donde soy capaz de escuchar lo que siente  y de entender por qué los mensajes y las relaciones se fracturan muchas veces en el país… Entendernos, para construir, ha sido algo que me ha dejado muy marcada”, subrayó alentada por esa sociedad que, cual ave fénix, renace, se organiza y se levanta, vuelve a florecer.

“Me llevo una gratificación muy fuerte, de ver cómo las mujeres, a pesar de que han sido violentadas por la guerra, cosificadas, se reinventan para trabajar en pos de un nuevo territorio”, recalcó a modo de conclusión. Sabe, como todos los que acudieron a esta cita, que vienen días y noches de mayor preparación para servir a un ideal de largo plazo en el que cada ciudadano está llamado a sumar, tanto en Caquetá como en el resto del país.

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