Seminario Internacional en la Uniamazonia aborda el arte como herramienta para reconstruir vínculos

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En la Universidad de la Amazonia el arte y la cultura fluyen a diario de manera espontánea, más aún en el posconflicto, que obliga a buscar herramientas  para facilitar la reconciliación entre los colombianos, sobre todo en las regiones más afectadas por el conflicto armado. Se da por sentado que una actividad creativa puede ayudar a superar traumas de la guerra y reconstruir los vínculos que unen a una comunidad; por eso, se presentan con regularidad iniciativas en esa dirección, rescatando entre otras cosas saberes tradicionales que conectan con las realidades de los pueblos.

Una de esas iniciativas es el Primer Seminario Internacional de Educación Artística en el Piedemonte Amazónico, que propende por reconstruir tejido social y para lo cual desarrolla una nutrida agenda, alimentada por conferencistas nacionales e internacionales. Las brasileras Ana Mae Barbosa y Juliana Gouthier Macedo, lo mismo que los colombianos Bernardo Bustamante y Giordano Alvarado Silva, complementan con sus ponencias los laboratorios experimentales de artes plásticas y teatro, entre otras actividades, que aportarán a los asistentes elementos de valor para luego aplicar en poblaciones tanto rurales como urbanas.

Importancia del entorno

Ana Mae Barbosa, quien ha escrito varios libros sobre el tema y es miembro del Consejo Latinoamericano de Educación por el Arte,  sostiene que es necesario fortalecer iniciativas para integrar los esfuerzos de los profesionales inmersos en la pedagogía del arte. “Lo más auténtico de la visión del arte en la educación se encuentra atravesado por una dimensión democrática y liberadora”, afirma explicando que no basta con solo transmitir saberes, lo cual supone el encuentro entre interlocutores, sino, más que eso, de la experiencia directa con la realidad y con la cultura del entorno. Se presenta, entonces, un nuevo sentido del arte en la educación, menos dependiente de novedades provenientes de  Europa o de los Estados Unidos, para adentrarse en la necesidad de generar visiones particulares desde los territorios que habitualmente no han tenido voz propia. “El arte es muy importante para desarrollar la inteligencia de las personas”, manifestó destacando la capacidad de llegar de esta forma a una multiplicidad de públicos al mismo tiempo, sin importar que no compartan la misma lengua.

“Necesitamos preservar la Amazonia”, exclamó al exponer el contenido de uno de sus libros, que habla de una metodología triangular ((apreciar, contextualizar, hacer), que aborda la percepción de las imágenes según la realidad de los territorios y sus pobladores; “tenemos que conocer el contexto para así mismo planear la educación y toda la incidencia del arte”, recalcó advirtiendo que si las manifestaciones artísticas no son tratadas como una forma de conocimiento, sino como “un grito del alma”, no se hace educación cognitiva ni educación emocional.

Juliana Gouthier Macedo, quien tiene una maestría en artes y se reconoce como discípula de Ana Mae Barbosa, añade que se debe profundizar en la investigación de los contextos regionales; “eso nos empodera, eleva la autoestima, contribuye a la gestación de cambios sociales”, expresó en un diálogo abierto y provocador que sugiere aprender de las “producciones locales”, no en el sentido de valorar unas como mejores que otras, sino en un sentido de igualdad; en su caso, por ejemplo, trabaja con cerámica contemporánea, no utilitaria, y eso le facilita entrar en contacto con toda suerte de creadores artísticos que hace del barro un elemento inspirador y articulador en toda suerte de encuentros.

La joya de las universidades

Bernardo Bustamante, docente de la Universidad de Antioquia, defiende el arte y la cultura como “la joya de las universidades” en una sociedad caracterizada por el conocimiento, la tecnología y el alto desarrollo. Para él, tanto en lo regional como en lo global el arte juega un papel fundamental en relación con la alegría, con la sanación, con la humanización, que en Colombia se da en la actualidad dentro de una situación de paz.

“En los últimos años fue insistente el mensaje de la historia del conflicto con respecto al registro, la situación de las víctimas; pero hoy nos vemos avocados a una nueva alternativa, recuperando toda la cultura tradicional, la danza, el teatro, la pintura y las formas urbanas de relacionarnos también”, sostuvo al indicar que los gobiernos, lo mismo que los entes culturales y la población en general deben acoger el arte como pieza primordial en la construcción de otro tipo de relaciones, “es un puntal para la resiliencia y el desarrollo de una nueva democracia.

En lo que concierne a las universidades, considera que estas deben acercarse más a las comunidades a través de programas, proyectos y eventos académicos; “pero no desde el punto de vista de la palabra, sino de la acción; los docentes debemos ir a las comunidades y entendernos con ellas, los estudiantes acompañarnos en esos recorridos, entender que la universidad no es algo lejano, que esta hace del conocimiento una herramienta para conocernos nosotros mismos”. Citó como ejemplo el programa Madre Tierra, de la Universidad de Antioquia, que permite entre otras cosas a indígenas de todo el país desarrollar sus propios programas con metodologías diferentes, con formas de aprender diferentes a las tradicionales.

“Estamos en deuda de reconocernos en todos los espacios culturales nacionales, porque desconocemos diversos tipos de realidades”, subrayó al concluir que todas las formas de arte son útiles, para profesionales de todas las disciplinas, en el encuentro con las comunidades.

Giordano Alvarado, líder del proyecto de comunicación y medios escolares ¿Qué tienes en la mente?, plantea investigar otro tipo de sensibilidades a partir de su ponencia “¿Dónde viven los monstruos?”. Alude a los monstruos, no como algo escalofriante, sino como algo susceptible de transformar desde diversas perspectivas.

Gran parte de lo que somos como sujetos hoy, “es gracias a que hemos sido insertados en unos esquemas narrativos y unas relaciones simbólicas que disminuyen la posibilidad de explorar otros lenguajes, donde también es posible construir sentidos del mundo”, sostiene tomando el arte como algo supremamente poderoso para “experimentar lenguajes donde es posible generar nuevas relaciones de correspondencia con el significado; en otras palabras, construir un nuevo mundo y ponerse en relación con él.

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